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Autores
VOLTAIRE, François-Marie Arouet
Biografía
VOLTAIRE, François-Marie Arouet, llamado (1694-1778) Nació en París el 21 de noviembre de 1694, hijo de un notario y falleció en París el 30 de mayo de 1778. Estudió en el colegio de jesuitas Louis-le-Grand. Siendo aún adolescente, un tío lo introdujo en la sociedad libertina del Temple donde se le admiraba por su ingenio y causticidad, pero su padre, inquieto por la orientación que pudiera tomar, lo envió a La Haya en 1713, como secretario de embajada; el idilio del joven con la hija de un refugiado francés le obligó, no obstante, a hacerle regresar a París. Unos versos irrespetuosos, dirigidos contra la persona del Regente, el duque de Orléans, le valieron en 1717 una reclusión de once meses en la cárcel de la Bastilla, donde empezó a escribir un poema épico sobre Enrique IV de Francia, titulado La Liga, y su tragedia Edipo basada en la obra homónima del dramaturgo griego Sófocles. Su primer poema filosófico, Los pros y los contras, presenta ya su credo deísta de carácter racionalista. Sus inicios literarios le empezaron a atraer protecciones y pensiones, al tiempo que iban haciendo famoso el pseudónimo de Voltaire que adoptó a partir de 1718, pero, como consecuencia de un altercado con el caballero de Rohan, fue apaleado por los lacayos de éste y encerrado en la Bastilla en 1726, de la que salió a condición de exiliarse a Gran Bretaña, donde permaneció dos años. En la corte de Londres y en los medios literarios británicos fue bien acogido y la influencia británica empezó a orientar su pensamiento y su obra. Regresó a Francia en 1728 y durante los cuatro años siguientes residió en París dedicado a escribir. Publicó en 1728 La Henriade, nueva versión del poema de La Liga, donde abogaba por la tolerancia religiosa, no en vano Enrique IV fue el que puso fin a las guerras de religión. En la Historia de Carlos XII (1730) realizaba una feroz crítica contra la guerra. Obtuvo un gran éxito teatral en 1730 con Bruto, en el que exaltaba la libertad, y con la tragedia Zaire (1732). Sin embargo, la obra suya que causó más escándalo fueron las Cartas inglesas (1734) denominadas en la edición de 1737 Cartas filosóficas, en las que convierte un brillante reportaje sobre Gran Bretaña en una acerba crítica del régimen francés. Se dictó orden de arresto contra el autor, pero Voltaire escapó refugiándose en Cirey (Lorena), donde gracias a la protección de la marquesa de Châtelet, pudo llevar de 1734 a 1749 una vida tranquila acorde con sus gustos y su trato social. Durante este tiempo escribió obras de teatro (Alzire 1736; Mahoma o el fanatismo, 1741; Mérope, 1743), novelas, sátiras y poemas (poema filosófico Discurso sobre el hombre, 1738), además de los Elementos de la filosofía de Newton. Determinadas composiciones escritas para complacer al rey, como el Poema de Fontenoy (1745) donde se evoca la victoria de los franceses sobre los ingleses durante la Guerra de Sucesión austríaca, acabaron por introducirlo en la corte, siendo nombrado historiógrafo real por Luis XV, y miembro de la Academia Francesa (1746); sin embargo el monarca no se fió nunca demasiado del audaz filósofo, por lo que fue perdiendo prestigio en la corte; esta circunstancia y la muerte de su protectora Mme de Châtelet en 1749, le indujeron a aceptar la invitación de Federico II de Prusia, residiendo en la corte entre 1750 y 1753, período en el que escribió El siglo de Luis XIV y el cuento Micromegas. Al abandonar Prusia se instaló en Les Délices, cerca de Ginebra donde chocó con la rígida mentalidad calvinista, se enemistó con Rousseau y con otras personalidades suizas. Fruto de la crisis de pesimismo en la que cayó fueron El Poema sobre el desastre de Lisboa (1756), inspirado en el famoso terremoto del año anterior que destruyó casi totalmente la bella capital portuguesa y Cándido o el optimismo (1759), una de sus obras maestras, donde analiza el mal en el mundo y describe las atrocidades cometidas a lo largo de la Historia en nombre de la religión y el orden. En busca de un retiro seguro, adquirió en 1758 la propiedad de Ferney, muy cerca de la frontera suiza; allí vivió durante casi veinte años, convertido en una especie de patriarca europeo de las letras y del nuevo espíritu crítico; allí recibía la visita de los intelectuales de Europa, representaba sus obras, mantenía una copiosa correspondencia y multiplicaba sus escritos subversivos: Tratado acerca de la tolerancia (1763), Cuentos de Guillaume Vadé (Lo blanco y lo negro y Jeannot y Colin, 1764), Diccionario filosófico (1764), El Filósofo ignorante (1766), El Ingenuo (1767), La Princesa de Babilonia (1768), El Toro blanco (1774), La Biblia al fin explicada (1776). Voltaire regresó a París en 1778, muriendo el 30 de mayo del mismo año. Voltaire, fiel expresión de las inquietudes y de la mentalidad de su siglo, dejó una obra marcada por la polémica. Atacó: el régimen político, fuente según él, de abusos y de injusticias; las religiones, fuente de fanatismo; la metafísica, motivo de que el hombre se sienta desdichado al no comprender cuestiones que lo superan. Sus aspiraciones se orientaron: en política, hacia un despotismo ilustrado; en religión, hacia una religión natural sin dogmas ni ceremonias de culto; en filosofía, hacia la aceptación de un mundo en el que se concilian determinismo y libertad, gracias a un trabajo que mejore las condiciones de todos. Hombre poco especulativo y apegado a las realidades concretas, su pensamiento ofrece numerosos aspectos positivos, como su fe en el progreso, su sincero amor a la humanidad que le lleva a protestar contra el despotismo, la guerra, la intolerancia, aunque, por otra parte, pueda reprochársele su virulencia expresiva. Indudable precursor de la Revolución francesa, el siglo XIX lo convirtió en el maestro de una burguesía anticlerical, que ha tendido a simplificar la riqueza y complejidad de su figura histórica. En cuanto a su obra literaria, la posteridad ha valorado mucho más sus relatos y libros históricos que su poesía o su teatro. Bibliografía
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